sábado, junio 15

La lección de periodismo empático de Rosa María Calaf: “El yoísmo es una lágrima” | Televisión

Hay 195 países en el mundo, sin contar los no reconocidos, y Rosa María Calaf sólo pidió 12 de ellos. A sus 78 años está previsto visitarlos, pues desde entonces celebran el viaje de cuatro meses al año. Una de las reporteras más emblemáticas que ha tenido TVE, en nuestro seguimiento de las guerras, los tsunamis, la perestroika, la miniflap que ella misma viste y hasta la homosexualidad, que dejó de lado el vestuario cuando esta expresión no existía. En 1981, par Informar Semanalentrevistó a un hombre gay que no estaba iluminado, para que no se identificara, y con tanta confianza se sintió frente al periodista que se puso de pie, movió el fuego y dijo: “No tengo nada que ocultar”. .

El capítulo de estos juegos de en primicias (en La 2 y RTVE Play), que reencuentra las figuras de la época española con Lara Siscar, es una lección de la veterana reportera barcelonesa, que entró en la televisión pública (la única en aquel momento) en 1970, cuando una mujer era Elemento ajeno a la profesión, y sin sal, prejubilada, hasta 2008. Muy reconocible gracias a tu pelo rojo y tu mechón blanco, creación de Llongueras, no pediste el primer plano, porque según la idea del periodismo es humanista y pone el foco en lo que vive y sufre la gente actual. Hasta el punto de que un coronel serbobosnio intentó violarlo durante la Guerra de los Balcanes en 1996, y no lo contó hasta casi una década después. Le parecía inapropiado se volvió protagonista cuando muchas mujeres locales sufrieron violencia sexual en ese conflicto. En Timor los amenazaron con un machete mientras su equipo estaba filmando y no se habían cambiado. “Yoísmo es una lacra para el periodismo”, frase. Pero la tribuna del periódico es importante para la hora del crecimiento. Verla tan tapada y con el velo en el Irán de los ayatols en un día de calor asfixiante que todos entendieron lo que allí pasó.

Calaf estaba desesperado porque la cobertura internacional en televisión dependía mucho de él en lo inmediato. Y ella estaba pensando muy lejos. “El problema del periodismo es que sólo habla de acontecimientos, no de procesos; del impacto, no del asunto”, explica bien. Por esta razón, dedicamos un tiempo a caminar por los lugares del desastre y seguir el esquema de las historias de la gente actual que nos habían contado antes.

Rosa María Calaf junto a Lara Siscar, en el programa ‘En primicia’.

Colegas como Maruja Torres, David Jiménez, Enric González, Paloma del Río y Mónica G. Prieto ayudaron a retractarse de ella. Torres explica cómo esa segunda generación de mujeres reporteras (la primera fue durante la República y fue apaciguada) abrió nuevos caminos. Ante un período masculino más adecuado a la agenda y al poder, fueron más emáticos con la comunidad. “Ya no desde donde había caído la bomba, hacia donde se refugiaron las víctimas que fueron víctimas del bombardeo”, afirma. Calaf habla con Prieto sobre cómo ser mujer y corresponsal de guerra. A partir de ahí corren más peligrosamente. También son más invisibles y esto puede ser una ventaja para moverse en lugares hostiles. En algunos casos se beneficia de la protección paternalista de crueles señores de la guerra. No los ves como una broma.

Calaf lamenta la confluencia de sexismo y edadismo en los medios: las mujeres de cierta edad se enfrentan a más obstáculos que poner ante la cámara que los hombres duros. Así como hay micromachismos, dice, hay microedadismos. Y si teme que esté perdiendo intereses, incluya experiencia en las redacciones. Su color, y los demás pioneros, están en las siguientes generaciones de periódicos, y TVE recoge estos frutos con una estupenda planta de correspondencia que ejerce este oficio humanista, atento a lo que importa más que a lo que impacta.

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